sábado, 29 de octubre de 2011

Registro del habla

DESCRIPCIÓN

La cuidad
      La ciudad era grande y fea, mucho más fea que cuando fue una ciudad, años atrás. Ahora todo era de piedra y cemento, de hierro y humo. Por las calles estrechas de grandes calles oscuras, caminaba poca gente, siempre apresurada, sólo había un árbol en la esquina y su tronco estaba enrejado, con el objeto de que los niños no se acercaran a él. Parecía una pieza de museo.

      Por la calle circulaban estruendosos automóviles, motos y camiones. Hasta el pan sabía a gasolina. No se veía un perro. No pasaba ningún caballo. Los pájaros alejados por el humo y la falta de arboles habían desaparecido hacía mucho tiempo. Algún gato escurridizo, como un fantasma, se deslizaba velozmente, de tarde en tarde, muy pegado a las paredes.

      Mucho más lejos del árbol de la esquina estaba el jardín, pero era un jardín prohibido para los niños que sólo podían andar y correr por donde no había grama. Y más lejos aún, el parque zoológico, con todos sus animales tristes, hambrientos y llenos de miedo. Daba pena verlo.

NARRACIÓN

La zorra y las uvas

      Una calurosa tarde iba caminando una pobre zorra hambrienta que trataba de conseguir algo de comer. De repente vio unos viñedos hermosos con varios racimos de uvas maduritas. Inmediatamente quiso comerse las uvas  y saltó con todas sus fuerzas, pero no pudo alcanzar las uvas tan apetecidas. Entonces, la zorra pretenciosa se bajó diciendo:
          ----- ¡Todavía no están maduras, no quiero comérmelas verdes!

Un diálogo

---- Hola, Pedro.
---- ¿Cómo estás, Ana? ¡Qué bueno que te veo! ¿Podrías, por favor, prestarme tu libro de biología?
---- Claro, Pedro. Puedes ir esta tarde a mi casa a buscarlo.
---- Gracias, Ana. Nos vemos más tarde.
---- De nada, Pedro. Hasta luego.


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